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A MESSAGE FROM FATHER MURRAY / UN MENSAJE DEL PADRE MURRAY

This past week, I was away with some friends in New Hampshire. Some of my contemporaries are retired, have done well in life, and are empty nesters. A few have had the privilege of retiring early to what were previously their vacation homes. We met on Tuesday and snowshoed to warm up for a few days of skiing and lots of eating. We did a lot of reminiscing and wondering what became of some of our childhood group, with whom we are no longer in contact.

It was a great time to reflect and hear stories from different people about their families and children, grandchildren, their careers, and their experiences in the world. We talked about all the things their children were doing, the challenge of parenting (still, it seems to me, the most difficult and rewarding task available), and all that goes into trying to balance a career and home life in ways that are fulfilling and rewarding.

What became evident in this group, despite their nonstop teasing and recalling of the most hilarious memories of our long-gone youth, was the recognition and importance of what they gained in their faith. Most of them are still practicing their faith to some degree, and that was a blessing to see. Somewhat to my surprise, one of the men there asked me to say grace in the restaurant where we were having dinner after skiing. Praying over the music was a little challenging, but we did it. It reminded me for a moment of that classic Saturday Evening Post cover of “Saying Grace” by Norman Rockwell. People around us leaned in or looked over to see these six men bowing their heads before dinner. The guys considered their beer blessed too, so that was an extra bonus for them!

One of my friends recently had the good fortune to be able to afford a new home, and so part of the trip was a tour and then a blessing of the house. We also blessed the house where I stayed. Finally, as we were leaving and returning home, after a wild and fun time, each man humbly asked me to pray for something particular. Most of them asked for the same thing, prayers for his wife and children and/or grandchildren.

Of course, we argued politics, religion, and every other subject, and what became evident to me was that each of these men were experiencing the pain of their children not attending Mass or, sometimes not wanting to marry in the Church. Part of the challenge is remembering that what the millennials (their children) are looking for in a Church and their faith may not be exactly what we were looking for, even when we were young adults.

 It reminds me that we are challenged, wherever we are, to live our faith in an authentic, experiential and prayerful way. The Gospel this weekend challenges us to be people who fulfill the law, and we are reminded that the law of God is based in love. This is the first Commandment both in the Ten Commandments of the Old Testament and the teachings of Jesus.

I believe the experience of my childhood friends is somewhat common. We are always challenged to live the Gospel, support the Church, and seek the sacraments. We are now challenged to live them in a way that attracts others who may not see things the way we do. This Lent is a great time for us to examine the way we live the love of God and neighbor in this time and in these circumstances. Their faith and future, and the future of the Church is at stake.
Peace, Father Murray


La semana pasada estuve fuera con algunos amigos en New Hampshire. Algunos de mis contemporáneos están retirados, les ha ido bien en la vida y tienen sus nidos vacíos. Algunos han tenido el privilegio de retirarse temprano a vivir en lo que antes eran casas de vacaciones. Nos reunimos el martes y con raquetas de nieve para calentarnos durante unos días de esquí y mucha comida. También recordamos y nos preguntamos qué pasó con algunos de nuestros grupos de la infancia con los que ya no estamos en contacto. Fue un buen momento para reflexionar y escuchar historias de diferentes personas sobre sus familias e hijos, nietos, sus carreras y sus experiencias en el mundo.

Hablamos sobre todas las cosas que sus hijos estaban haciendo, el desafío de la crianza de los hijos (aún la tarea más difícil y gratificante disponible) y todo lo que implica tratar de equilibrar una carrera y una vida hogareña que sea satisfactoria y gratificante. Lo que se hizo evidente en este grupo es que, a pesar de sus continuas bromas y relatos de los recuerdos más divertidos de nuestra juventud desaparecida, hubo un reconocimiento de lo que ganaron en su fe y valoraron la importancia de esta. La mayoría de ellos todavía están practicando su fe hasta cierto punto y fue una bendición verlos. Para mi sorpresa, uno de los hombres allí me pidió que dijera una oración de gracias en el restaurante donde cenábamos después de esquiar. Fue un poco desafiante orar debido a la música, pero lo hicimos.

Me recordó por un breve momento la clásica portada de Saturday Evening Post de "Saying Grace" de Norman Rockwell. La gente a nuestro alrededor se inclinó o miró para ver a estos seis hombres inclinando la cabeza antes de la cena. (¡Los muchachos consideraron que la cerveza también era bendecida, por lo que fue una ventaja adicional para ellos!) Recientemente, uno de mis amigos tuvo la suerte de poder pagar una casa de vacaciones, por lo que parte del viaje fue un recorrido y luego una bendición de la casa. También hicimos la bendición de la casa en la que fui huésped. Finalmente, cuando nos íbamos y regresábamos a casa, después de un momento dinámico y divertido, cada hombre humildemente me pidió que rezara por algo en particular, pero principalmente por su esposa, hijos y / o nietos.

Por supuesto, discutimos sobre política, religión y cualquier otro tema, y ​​lo que se hizo evidente para mí es que hay un gran dolor de que sus hijos no asistieran a misa o que a veces no quisieran casarse en la iglesia. Parte del desafío es recordar que lo que los millennials (sus hijos) buscan en una iglesia, así como su fe, pueden no ser exactamente lo que nosotros estábamos buscando y experimentando. Me recuerda que, dondequiera que estemos, tenemos el desafío de vivir nuestra fe de una manera auténtica, experimental y de oración. El Evangelio este fin de semana nos reta a ser personas que cumplan la ley, y se nos recuerda que la Ley de Dios se basa en el Amor. Este es el primer mandamiento tanto en los Diez mandamientos como en las enseñanzas de Jesús. Creo que la experiencia de mis amigos de la infancia es algo universal.

Siempre tenemos el desafío de vivir el Evangelio, apoyar a la iglesia y buscar los sacramentos. Ahora tenemos el desafío de vivirlos de una manera que atraiga a otros, que tal vez no vean esto como nosotros. Esta Cuaresma podría ser el momento para que examinemos la forma en que vivimos el amor de Dios y el amor al prójimo en este momento, en estas circunstancias. Su futuro de fe y la iglesia es lo que debemos considerar.

Paz,

Padre Murray

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