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A MESSAGE FROM OUR PASTOR/UN MENSAJE DEL NUESTRA PASTOR

We are coming to the end of the liturgical year and the final weeks of using the Gospel of Luke. We have passed through the seasons of Advent and Christmas, Lent and Easter, and all the Ordinary Time celebrations like Trinity Sunday and Corpus Christi.  We’ve heard all the wonderful parables and stories of this great Gospel. As we get to the end of the liturgical year, some of the themes of the Gospel, and of the Church’s life, direct us toward the end things: death and judgment, Heaven and hell. We are encouraged to take a look back to what has been and then take a look forward to what will come. In that spirit, I would like to do a little of that for the parish.

When I arrived over two years ago, I began my work by first listening to what parishioners were saying. I wanted to understand the depths of the needs here, both at the spiritual and practical levels. There was, and still is, a lot of work to do. Slowly, we are resolving some of the practical problems, and yet the challenges of forming a new parish are also ever in front of us. Both the good and bad news is that the work will always be here — there will always be a need to improve in one place or other, or to change something, end something, etc.

The recently sainted John Henry Newman once said that to live is to change and to change often is to have lived well. It has taken time, sacrifice, and the understanding that God is with us in all things, but we have and are changing in a positive manner. We have seen growth in the music department, the liturgical ministers, and from those who are helping in the all the hidden ministries like home visits, Alpha, youth ministry, Beta groups, healing teams, and church decorations, and among those who have stepped forward to serve in the councils and leadership. We have changed schedules, dates of events, and the way we organize and participate in them.

We have grown in the Spanish-speaking part of our community, too, so that we now have four or five teams who serve as Eucharistic ministers and lectors. We have begun the prayer partner practice that we do in our English language Masses and have added a person to introduce the Mass. We are now working on getting a team together to do the announcements at the end of Mass. These are all signs of growth in our parish. I think it is the result of staying focused on what is important and on what we are trying to do. We are striving to become a parish filled with missionary disciples. Remember, things that are alive grow. We can see evidence of this everywhere.

Do you feel that you are growing to be a better, more knowledgeable Catholic than when the current liturgical year started last Advent? If so, congratulations! Keep up the good work. If not, then maybe we can ask ourselves where we need to grow and then begin to work in that direction. This is what we need to be about: always growing in our faith so that we can minister to others — whether that is in healing or evangelizing. There are always two levels. We are called to make disciples and form disciples. In the Alpha courses, we are trying to make disciples. In the catechetical classes and adult classes, we are forming disciples.

When we ask you to be people who are growing in knowledge and your relationship with Jesus, we are forming people. It happens through the sacraments, the liturgies, and group and individual study.

Peace,  Father Murray


Estamos llegando al final del año litúrgico y las últimas semanas de usar el Evangelio de Lucas. Hemos pasado por las estaciones de Adviento y Navidad, Cuaresma y Pascua y todas las celebraciones del tiempo ordinario, incluyendo el Domingo de la Trinidad, el Corpus Christi y todas las parábolas e historias maravillosas de este gran Evangelio. Al llegar al final del año litúrgico, algunos de los temas del Evangelio e incluso en la vida de la Iglesia nos dirigen hacia el fin de las cosas, la muerte y el juicio, el cielo y el infierno. Nos alienta a mirar hacia atrás a lo que ha sido y luego a ver lo que vendrá. En ese espíritu, me gustaría hacer un poco de eso para la parroquia.

Hace más de dos años llegué y me puse a trabajar y, si recuerdan, comencé el proceso de escuchar lo que decían los feligreses. También estuve trabajando en comprender la profundidad de las necesidades aquí, tanto a nivel espiritual como práctico. Había y hay mucho trabajo por hacer. Poco a poco estamos solucionando algunos de los problemas prácticos, y los desafíos de formar una nueva parroquia también se nos presentan. La buena noticia y la mala noticia es que el trabajo siempre estará aquí, es decir, nos daremos cuenta de que necesitamos mejorar en un lugar u otro, cambiar algo, terminar algo, etc.

El recientemente consagrado John Henry, el cardenal Newman, dijo una vez que vivir es cambiar y cambiar a menudo es haber vivido bien. Se ha necesitado tiempo, sacrificio y la comprensión de que Dios está con nosotros en todas las cosas, pero hemos cambiado y estamos cambiando de manera positiva. Hemos visto un crecimiento en el departamento de música, los ministros de la liturgia y aquellos que están ayudando en todos los ministerios que no se ven, como visitas domiciliarias, Alfa, ministerio juvenil, grupos Beta, equipos de sanación, decoraciones de la iglesia, y entre ellos, los que han dado un paso adelante para servir en los consejos y en el liderazgo. Hemos cambiado los horarios, las fechas de los eventos y la forma en que los organizamos y participamos.

En la comunidad hispana también hay notable crecimiento ya que ahora tienen cuatro o cinco equipos que sirven como ministros y lectores eucarísticos. Han comenzado la práctica de los compañeros de oración que hacemos en las misas de habla inglesa y han agregado a una persona que presenta la misa. Ahora están trabajando para crear un equipo que se encargue de hacer los anuncios al final de la misa. Todos estos son signos de crecimiento en nuestra parroquia. Creo que es el resultado de mantenernos enfocados en lo que es importante y en lo que estamos tratando de hacer. Estamos tratando de convertirnos en una parroquia llena de discípulos misioneros. Recuerden, las cosas que están vivas crecen y podemos ver evidencia de esto en todas partes.

Y ese es el punto final. Después de todos los ejercicios litúrgicos, las misas, el servicio, las clases y los grupos de oración, ¿sienten que están creciendo para ser mejores católicos y más informados que cuando comenzó el año litúrgico el Adviento del año pasado? Si es así, ¡felicidades! Sigan con el buen trabajo. Si no, entonces tal vez todos podamos preguntarnos en qué se basa nuestra más grande fe, y cuáles son los déficits de conocimiento de la fe y luego comenzar a trabajar en ellos. De esto es de lo que se trata, la preparación constante para ser ministros y ministrar a los demás, ya sea para sanar o evangelizar. Siempre hay dos niveles. Estamos llamados a hacer discípulos y formar discípulos. En los cursos Alfa, estamos tratando de hacer discípulos. En las clases de catequesis y clases de adultos estamos formando discípulos. Cuando les pedimos que sean personas que están creciendo en conocimiento y en su relación con Jesús, estamos formando personas. Sucede a través de los sacramentos, las liturgias, el estudio y todo el estudio personal que hacemos. Espero tomar el resto del mes para hablar un poco más sobre estos temas.

Paz, Padre Murray

 

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